sábado, 15 de julio de 2017

HIDALGOS NOTORIOS DE SAJAMBRE EN EL SIGLO XVII


Como ya dijimos en otra publicación, en 1680 alrededor del 75% de la población de Sajambre pertenecía a la nobleza no titulada. Este porcentaje correspondía al nivel más bajo del estamento nobiliario: el de los hidalgos.  
Todos poseían los mismos privilegios (1), pero el escalafón aparece estratificado en la documentación: hidalgos notorios, hidalgos de ejecutoria, hidalgos de posesión, hidalgos por los cuatro costados, etc. De todos ellos, nos interesan hoy los «hidalgos notorios».  
El hidalgo notorio era el que procedía de solar conocido, en ocasiones con casa solariega y blasonada, “que no cambió a lo largo del tiempo de vecindario o que su hidalguía era de tal notoriedad que nadie se atrevió a disputársela” (2). En el Sajambre del siglo XVII solo había 12 apellidos que disfrutaban de dicha calidad.  
La notoriedad se perdía cuando el hidalgo cambiaba su lugar de residencia a otro municipio y en las líneas bastardas. El varón era el que transmitía la nobleza, por lo que los hijos naturales reconocidos de cualquier hidalgo pasaban automáticamente a serlo también. Sin embargo, tanto los bastardos, como sus descendientes, dejaron de considerarse hidalgos notorios en todos los padrones sajambriegos de los siglos XVII y XVIII.
Los 12 apellidos considerados hidalgos notorios en Sajambre fueron los siguientes:
1.     ALONSO TIELVE. Solo este apellido compuesto. Los que se apellidaban únicamente Alonso, así como Alonso de la Mata y Alonso de Quintana, no fueron hidalgos notorios.
2.     BLANCO.
3.     CALVO.
4.     COCO.
5.     DÍAZ/DÍEZ. Lo fueron los de Oseja y los de todo el concejo. 
6.     DÍAZ/DÍEZ DE CALDEVILLA. Los de Oseja y los de todo el concejo.
7.     DÍAZ/DÍEZ DE LA CANEJA. Los de Oseja y los de todo el concejo.
8.     FERNÁNDEZ. Solo fueron hidalgos notorios los miembros de la línea principal del Fernández de Ribota. Los Fernández de Soto no lo fueron y tampoco los descendientes de un Juan Fernández, que fue hijo bastardo y reconocido de Lupercio Fernández, de Ribota, y que perderán la calidad de notorios a partir de 1680. 
9.     GÓMEZ. Los así apellidados en Ribota. 
10.  MUÑIZ. Documentado siempre según la forma antigua de «Moñiz» / «Moniz». Solo fueron hidalgos notorios los de Soto. Los de Oseja no.  
11.  PIÑÁN. Únicamente los miembros del linaje Piñán de Cueto Luengo. En cambio, son solo hidalgos (sin la calidad de notorios) todos los Piñán de Soto, todos los Piñán de Ribota y algunos de los de Oseja (3).    
12.  VIYA.     
Los documentos conservados nos dicen que solo 3 de estos 12 apellidos fueron además «hidalgos notorios por los cuatro costados», lo que quiere decir que los cuatro abuelos (de las líneas paterna y materna) pertenecían al estado noble. Así llegan, al menos, a mediados del siglo XVIII. 
Es el caso de los Díaz de la Caneja, los Díaz de Caldevilla y los Piñán de Cueto Luengo
Localmente, esta situación se traducía en influencia y prestigio social.   

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NOTAS
(1)  Exención del pago de impuestos (pechos) reales y concejiles; exención de ser reclutados en las levas militares; exención de tener que alojar a las tropas en sus casas; derecho a disfrutar de oficios públicos; privilegios judiciales.
(2)  Pardo de Guevara y Valdés, E. “Algunas consideraciones en torno al hidalgo español”, en Universalidad, función social, presente y futuro de la Nobleza, Madrid: Hidalguía, 1980, p.79. [Instituto Luis de Salazar y Castro, CSIC].
(3)  Los motivos de esta diferencia fueron relatados en Rodríguez Díaz, E. E., Prácticas de escritura de un párroco rural leonés del siglo XVII. El Libro de difuntos de Domingo Piñán, Alcalá de Guadaíra, 2016.

martes, 24 de enero de 2017

SOBRE LA CONSTRUCCIÓN DE LA CARRETERA DE LOS BEYOS, LA ESCUELA DE OSEJA Y LOS ACCESOS A BEZA



1.     Sobre la construcción de la carretera del Desfiladero de los Beyos.


En el Archivo de la Casa Piñán se conserva un documento fechado en Sames (Amieva), el 12 de septiembre de 1871, escrito y firmado por José María Carbajal, que nos permite datar con exactitud la construcción de la carretera que atraviesa el Desfiladero de los Beyos (Asturias-León), en el tramo comprendido entre Vidosa (Ponga) y Cobarcil (Sajambre).

El documento se inicia así:

Inventario general de las herramientas y efectos que existen en la casa de las obras de los trozos 11 y 12 de la carretera de Sahagún, pertenecientes a la Sociedad Crédito Leonés, con expresión de sus precios para la venta”.  

Esta lista se extiende a lo largo de dos cuartillas de papel, apaisadas y cosidas entre sí, donde se enumeran los utensilios con sus cantidades y calidades. Lo que no se llegó a apuntar fueron los precios para la venta, como se dice en el encabezamiento. Al haberse conservado entre los papeles antiguos de los Piñán, es probable que esta familia comprara, al menos, una parte del  material que aquí aparece. 

Como es lógico, la venta de dicho utillaje hubo de hacerse una vez que se dieron por concluidas las secciones 11 y 12 de la carretera de Sahagún a Arriondas, hoy N-625.   

Tales tramos corresponden a los trayectos de Puente Vidosa al Puente Angoyo (el 11), en el Principado de Asturias, y del Puente Angoyo a Cobarcil (el 12), ya en el concejo de Sajambre. Es decir, estas cuatro páginas describen las herramientas que se utilizaron para tallar en la peña la carretera que atraviesa el Desfiladero de los Beyos y para construir los puentes de piedra que van salvando el curso del río Seya, que hasta entonces eran de madera.

Carretera N-625 a su paso por el Desfiladero de los Beyos. Fuente: la autora.   

Carretera N-625 a su paso por el Desfiladero de los Beyos. Fuente: la autora.
 
Sabemos que el proyecto final de estos tramos se redactó en el año 1861, que en 1864 (no antes de agosto) se adjudicó la contrata de la obra, que en 1866 ya se estaba trabajando y que a principios de septiembre de 1871 la obra ya estaba terminada, como se desprende del documento conservado en Oseja que hoy damos a conocer. Por ello, la portentosa obra de ingeniería que es la carretera que atraviesa la Garganta del Seya, en el trayecto comprendido entre Vidosa y Cobarcil, tardó en construirse 7 años, iniciándose poco después de la contrata, en 1864, y terminándose a principios de septiembre de 1871.
 
Entre las piezas que se enumeran aparecen fraguas portátiles, yunques y martillos, llaves inglesas, tenazas, limas, punzones y clavos, “ciento diez y nueve arrobas de tornillaje bueno de diferentes tamaños” (1 tonelada y 349’34 kilos), maromas, cadenas, escuadras, una angarilla, atacadores, cubos, poleas de madera, cuñas, barras y varillas de hierro, barrenos, azadas, palas, picachones, “cuatro aros de hierro de sujetar cambas de ruedas de carro”, cojinetes para la grúa, siete “ruedas con sus ejes para whagón”, “dos ruedas grandes de hierro para carro”, media tonelada de llanta, una rueda de afilar, 12 arrobas de acero (136 kg), ejes, 18 arrobas de hierro (204 kg), un tronzador, ganchos, cestos, un carro grande y otro mediano, 50 tablas de roble de 2’10 mts de largo, “madera de las cimbras de Belganza” (hoy Puente Berganza), “madera de las cimbras de La Huera”, tres botellones de ácido sulfúrico, “una casa de piso bajo y principal de 15 mts de largo por 7’30 de ancho (mediana)” o “una chabola piso terreno de 12 mts de largo por 6’60 de ancho (ruinosa)”.  Todo en buen, mediano y mal estado. 

La sociedad financiera que se menciona, Crédito Leonés, fue la adjudicataria de la contrata, lo que sucede en el año 1864, poco después de la fundación y autorización  de esta sociedad bancaria leonesa (1). 

2.     Sobre la construcción de la nueva escuela de Oseja.


La enseñanza de las primeras letras está documentada en Oseja desde el año 1662. El primer lugar donde se impartió clase fue la Casa Piñán e Isidro Piñán de Cueto Luengo, uno de los hijos del comisario (2), fue el primer maestro conocido.

Algunos años después, en su testamento de 1665, Pedro Díaz de Oseja fundaba y dotaba una escuela elemental junto a su casa del barrio de Las Cortes, que ya funcionaba en el año 1667 y cuyo primer maestro fue José Díaz de Caldevilla, pariente del fundador. Este local siguió en uso para dicho fin hasta que se edificó la nueva escuela de Oseja a principios del siglo XX.

Dicha construcción fue una consecuencia de la aplicación del Real Decreto de 16 de noviembre de 1906, redactado durante la época en la que Amalio Gimeno y Cabañas (1852-1936) fue ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes. La ley disponía la creación gradual de nuevas escuelas de primera enseñanza, a razón de un máximo de mil por año. Los ayuntamientos debían aportar locales e instalaciones (3) y, con el tiempo, se facilitaron subvenciones para aquellos lugares, sin medios suficientes, en los que se debían construir escuelas de nueva planta.

Este fue el caso de Oseja de Sajambre y la prensa histórica nos facilita los datos (4). En diciembre de 1910, el rotativo La Educación hizo pública la tramitación del expediente para la concesión de ayudas a dicho efecto. Oseja aparece en el documento.


 Fuente: Biblioteca Nacional de España.


A finales de agosto de 1913, la Gaceta de Instrucción Pública y Bellas Artes, publicaba la relación de Ayuntamientos favorecidos con ayudas públicas para la construcción de escuelas de Primera Enseñanza, entre los que estaba Oseja de Sajambre.


 Fuente: Biblioteca Nacional de España. Nótese el Peñameyera escrito con /y/.


Soto tenía escuela (de fundación privada) desde 1907 y, aunque en Oseja había maestro, las clases seguían impartiéndose –como se ha dicho- en el viejo edificio del barrio de Las Cortes. Lo sabemos con certeza porque se conserva una fotografía, de los últimos años del siglo XIX o de principios del siglo XX, presidida por el maestro Isidoro Alcalde Miguel, que falleció en el año 1910 (5).

De manera que la construcción de los edificios destinados a la escuela de Oseja, todavía utilizados a día de hoy, debió terminarse después de 1913.

3.     Sobre los accesos a Beza y Carombo


En el Archivo de la Casa Piñán se conserva un poder especial otorgado por el concejo de Sajambre a Pedro Gómez, vecino de Ribota, a Alejandro Piñán, vecino de Oseja, y a Tomás Alonso, vecino de Burón, para que representaran a Sajambre en el pleito que se mantenía con el concejo de Valdeón sobre el acceso a la Collada de Beza. La disputa se hallaba en segunda instancia, al haber apelado los de Valdeón al merino mayor de Valdeburón, por lo que hay que suponer una primera sentencia desfavorable a Valdeón emitida por el juez ordinario de Sajambre.

La carta de poder fue hecha en Oseja, el 8 de marzo de 1806, ante Fulgencio Raimundo Pesquera Pérez de Prado, “escribano público del número y Ayuntamiento del Real Concejo de Baldeón por su Majestad, que Dios guarde, avilitado para actuar en el de Sajambre, según Real Provisión que obra en mi oficio y rexistro de escrituras públicas del año pasado próximo”. 

Los otorgantes son los miembros del Ayuntamiento de Sajambre en 1806, “salvo el medio tercio de Vierdes y Pio”, o sea, el juez ordinario, Pedro Simón, Don José Díaz de la Caneja y Sosa, Isidoro de Martino y Gregorio Fernández, regidores, “pero con la advertencia que el Gregorio solo otorga por sí y por el lugar de Rivota, que es el medio tercio de Allende la Agua”;  Don José Antonio Díaz de la Caneja, Blas Díez y Manuel de Bulnes, diputados por el tercio de Oseja; Cayetano  Blanco, Thomás de la Caneja e Ignacio de Posada, diputados por el tercio de Soto; Pedro Gómez y Francisco de Granda, diputados por el lugar de Ribota; y Domingo de Granda, por sí y como procurador síndico general del concejo. 

Según estos sajambriegos, el motivo de la demanda de Valdeón contra Sajambre era “la composición de una senda que figura deben existir y trabesar por las Cuestas de la Olla de este concejo a la Collada de Veza, cuya composición nunca ha sido, ni debe ser de cargo de los otorgantes, ni su representado vecindario, ni menos se debe tener por camino cruzero, ni de las qualidades que figuran los vecinos de Baldeón. Y quando debiera merecer el camino, digo nombre de vereda o trocha transitable, que se niega, nunca debe el vecindario de Sajambre contribuir a compostura ni aderezo alguno que pueda necesitar”. 

Por lo que se ve, parece que los vecinos de Valdeón habían denunciado a los de Sajambre por no querer arreglar el sendero que iba por El Olla o Loya en dirección a la Collada de Beza, asignándole los de Valdeón la categoría de camino cuando, a decir de los sajambriegos, no era otra cosa que una vereda o trocha.   

La ruta debía ser utilizada por los vecinos de Valdeón para enlazar en la Collada de Beza con el camino real que se dirigía a Asturias, tras entrar en Sajambre por El Frade desde la Vega de Llos. Pero seguramente también les servía para acceder y transitar por Carombo. No en vano por allí tenían derecho de paso los vecinos de Amieva para llegar desde Beza al lugar mancomunado entre estos tres concejos que fue Monte Carombo, lo que hacían a través de El Olla/Loya y el Camín de los Rocinos (6):

Yten declaramos que los vecinos de Amieva an de tener paso para sus ganados mayores desde Beza a Barcinera por la Olla, desde el día veynte de mayo de cada año asta el de San Martino, y se entiende todo el concejo de Amieva, con advertencia de que en el término común de Valdeón y Sajambre no se podrán prendar hasta pasadas de seis cavezas de Amieva que anden desmandadas o sin pastor” (7).  

Los sajambriegos se niegan en rotundo a reparar y mejorar la senda del Olla/Loya, así como a considerar el lugar como camino crucero 

Como sucede a menudo con la documentación judicial que conserva el Archivo de la Casa Piñán, nos quedamos sin conocer el desenlace del pleito. Pero los conflictos por el estado de los caminos y la construcción de otros nuevos en la zona continuó, al menos, hasta el 7 de octubre de 1920, cuando se registra una sentencia de la Jefatura del Distrito Forestal de León contra el alcalde de Posada de Valdeón

con motivo de la construcción arbitraria de un camino en el monte de Gichello, nº 490 del Catálogo de los de Utilidad pública de esta provincia, en el que se declara que este monte pertenece exclusivamente a los pueblos del Ayuntamiento de Oseja de Sajambre” (8).


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NOTAS
(1) Sobre el precedente de la banca leonesa que fue la Sociedad de Crédito Leonés, ver J. J. Porras, J. Cayón, J. Courel y H. Keudell, Empresas y emprendedores leoneses, León, 2006. Edición digital: Fundación Saber.es.
(2) Me refiero al comisario de la Inquisición, Domingo Piñán de Cueto Luengo (h.1590-1652), cura de Oseja y Soto entre 1621 y 1652. Sobre su vida y los cinco hijos que tuvo, ver E. E. Rodríguez Díaz, Prácticas de escritura de un párroco rural leonés del siglo XVII. El Libro de Difuntos de Domingo Piñán, Sevilla, 2016, pp.19-35. Sobre Isidro Piñán y su actividad como maestro, barbero, escribiente, clérigo y notario apostólico, ver E. E. Rodríguez Díaz, Notas y cuadernos de notas de los Piñán, escribanos públicos de Sayambre (1659-1721), Oviedo, 2015, pp.21-22.
(3) A. Jiménez-Landi Martínez,  La Institución Libre de Enseñanza y su ambiente, Madrid, 1996,  pp.27-28.
(4) Madrid, Biblioteca Nacional de España: Hemeroteca Digital.
(5) Alcalá de Henares, Archivo General de la Administración, Ministerio de Hacienda, exp. PF-207.
(6) El Camino de los Rocinos es una castellanización clara. En cambio, los documentos sajambriegos lo expresan en un correcto leonés: El Camín de los Rocinos.
(7) Oseja de Sajambre, Archivo del Ayuntamiento, Sentencia arbitraria fechada en Vegabaño, el 9 de agosto de 1800, f.5r. Transmitida como copia notarial hecha ante el escribano público de Burón, Juan Bautista Gómez de Caso, y fechada en Lario, el 24 de noviembre de 1801 (ff.1r-12r). Forman parte de un expediente de 21 folios con 11 documentos de 1800-1869.
(8) Oseja de Sajambre, Archivo del Ayuntamiento, Actas de deslindes municipales de 1927-1928, f.10v.

martes, 6 de diciembre de 2016

UN CASO DE CORRUPCIÓN EN EL SAJAMBRE DEL SIGLO XVIII


En el Archivo de la Casa Piñán se conserva una investigación judicial del año 1778 sobre un comportamiento claramente corrupto. En dicho delito intervinieron varios vecinos del concejo, llamados Francisco de Mendoza, Tomás Díaz de la Caneja, Manuel de Martino Díaz y Pedro de Mendoza. El Tomás Díaz de la Caneja que aparece aquí es el nacido en 1717 y muerto en 1795, que fue padre de Ignacio y Joaquín Díaz-Caneja.

La denuncia fue presentada por Agustín Piñán de Cueto Luengo ante las justicias de Sajambre y ante las justicias del rey. Tanto en ella, como en las declaraciones de los testigos que se incluyen en el documento, se detalla lo sucedido, que nosotros ahora vamos a presentar con las aclaraciones históricas pertinentes.

En el año 1776, se había efectuado una investigación sobre la honestidad de Francisco de Mendoza, quien quería examinarse de escribano público. La indagación se hizo ante el juez local, Tomás Díaz de la Caneja, y la opinión unánime de los testigos fue negativa, al existir constancia de la falta de honradez del dicho Francisco de Mendoza.

Desde la Edad Media, se exigía que todo aspirante a notario público fuese persona hábil y capaz, pero también honrada y de buenas costumbres. Las leyes posteriores siguieron insistiendo en este requisito personal, como se hizo en las Cortes de 1534:


 «Porque los Escribanos sean quales convengan, mandamos, que quando vinieren a ser examinados en nuestro Consejo, primeramente traigan aprobación de la Justicia del lugar, dónde son, de su habilidad y fidelidad, y de otra manera no sean admitidos a dicho examen».


Esto mismo se reitera en una Real Cédula de 1539 y nuevamente en 1541, obligándose entonces a incluir en dicho documento la edad reglamentaria de 25 años y, en otra ley de 1609, la obligatoriedad de dejar constancia en el mismo escrito de los dos años consecutivos de formación, que todo aspirante a notario debía haber realizado.  


«De aquí adelante, las personas que se hubieren de examinar para Escribanos de los reynos traigan información y aprobación de la Justicia de donde vivieren, de su habilidad y fidelidad, y que son de veinte y cinco años, y de todo lo demás contenido en el capítulo de Cortes que se hizo en la villa de Madrid el año de 534 y en la cédula que sobre ello dio su Majestad el año de 1539 a 20 de octubre». (Novísima Recopilación, Tomo III, Tít. XV).


Este documento o «información», emitido por las justicias del lugar al que pertenecía el aspirante a notario público, fue, por tanto, requisito obligado y previo al examen que se hacía ante el Consejo Real. Y esto fue lo que se hizo en el año 1776 ante el juez del concejo de Sajambre, Tomás Díaz de la Caneja.

Sin embargo, dicha información no se puso por escrito, sino que todo se hizo oralmente, de forma que no quedó constancia documental del resultado negativo en la evaluación.  En los meses siguientes, Francisco de Mendoza «congratuló a los capitulares de este conzejo con un refresco, a fin de que le favoreciesen para yrse a examinar». Pero ni con esos sobornos consiguió apoyo suficiente.

Así las cosas y siendo vox populi en Sajambre que Francisco de Mendoza carecía de fidelidad (o sea, del lat. fides, fe, confianza), es decir, que no era persona de fiar para poder ejercer el oficio de escribano público, los testigos relatan que él y sus partidarios, entre los que estaban Tomás Díaz de la Caneja, Manuel de Martino Díaz y Pedro de Mendoza, hicieron lo siguiente: 


«Sacó testigos de su parcialidad, de este dicho lugar, capital de este conzejo, y los llebó al puerto de Pande Arruedas, distante de esta audiencia más de una legua, raya mista con el conzejo de Baldeón, donde un escribano de dicho conzejo de Baldeón, con Manuel de Martino Díaz, juez que era de este conzejo, recivieron la ynformazión, siendo testigo en ella el dicho Thomás Díaz de la Canexa, juez anterior, ante quien como ba espresado se avían puesto los reparos en el año de setenta y seis».  


Y puesto que no fueron capaces de sobornar al procurador general de Sajambre, suplantaron su personalidad y su autoridad pública con el primo carnal del candidato, llamado Pedro de Mendoza:


«…y el dicho Pedro de Mendoza, quien se dize hizo vezes de procurador, no fue nombrado públicamente, ni jurado para tal ofizio, que es primo carnal del dicho Francisco de Mendoza».


Con este documento fraudulento, hecho en Panderruedas ante un notario de Valdeón, Francisco de Mendoza solicita ser examinado ante el Consejo Real, solicitud que se conserva en el Archivo Histórico Nacional de Madrid. Tras tener noticia del hecho, Agustín Piñán inicia acciones judiciales contra el Mendoza y sus partidarios, conservándose en Oseja la investigación hecha por orden de quien entonces era el juez del concejo, Pedro Andrés.

Por lo delicado de la situación y de las personas implicadas, el juez ordena lo siguiente:


Que esté presente en todas las diligencias «Marcos Alonso Tielbe, honbre anciano, de buen zelo e inteligente, por aber usado todos los onoríficos oficios de esta república, asta el de Merino Mayor de esta real Merindad. Y con su asistencia, la de dicho señor juez y de mí, el fiel de fechos, se examinaron cuatro testigos, todos vecinos de este dicho conzejo, que fueron Manuel de Viya, Manuel Muñiz Martínez y Josef Barales, que todos tres fueron juezes de este dicho conzejo, y el dicho Barales fue también alcalde de la Santa Hermandad, y Vitorio Calbo González, que también fue regidor decano».  


En primer lugar, este documento nos informa de la identidad de otro de los merinos mayores de Valdeburón que procedieron de Sajambre: Marcos Alonso Tielve, miembro de una familia de Oseja muy bien documentada.

En segundo lugar, el juez elige como declarantes a personas de reconocida autoridad en Sajambre. Todos habían desempeñado oficios públicos: tres habían sido jueces del concejo y uno de ellos además, alcalde de la Santa Hermandad, o sea, jefe de policía; y el cuarto era el más anciano de los regidores locales. No debe olvidarse que, en aquellos tiempos, la ancianidad implicaba autoridad.

Las declaraciones de estas cuatro personas son demoledoras y totalmente claras. Oigamos un par de ellas. 


«…Que el dicho Francisco no conbiene en manera alguna para el dicho oficio de escrivano, porque es bien notorio en este conzejo que, en el tiempo que sirvió de amanuense a su suegro, Francisco Antonio Díaz de la Canexa, escrivano de este conzejo, este por su decrepitud y demasiada confianza le fiaba todos los instrumentos judiciales y estrajudiciales, sin ynterbenir más en ellos que él firmaba sin saber acaso lo que firmaba, lo que sospecho porque no es de creher aya concurrido en algunos escriptos su poca fidelidad, mucha ignorancia o demasiada simplicidad».  



«…Y cuando era amanuense, le vio poner una declarazión contraria de lo que dezía el testigo. Y que siendo reprendido, respondió que no le petaba* escrivir otra cosa y que, aviéndolo entendido el juez, que era Manuel Muñiz Martínez, rompió el papel y le hizo escrivir la berdad… Y que en dicho año de su juzgado le suzedió otras dos vezes lo mismo. Y que siendo juez de este conzejo Francisco Fernández, por aberle cogido en semejantes yerros, le quitó de escrivir en el año de su juzgado. Y sabe que en el año pasado de setenta y siete congratuló a los capitulares de este conzejo. Y que siendo alcalde de la Santa Hermandad Josef Barales, de este espresado conzejo, tamvién vio cuatro declaraziones que los mismos testigos dijeron no ser las que avían dado y, de echo, dieron otras que digeron ser berdaderas. Y dicho alcalde recogió las primeras que avía escripto dicho Mendoza y le costó hazer de nuevo los autos. Y que también oyó a Lupercio Díaz de Osexa, presbítero, vezino de este dicho conzejo, sazerdote muy timorato, que el dicho Mendoza le avía puesto en autos una declaración, en su nombre, falsa».


No se conserva la sentencia, que debió ser contundente, pues fueron varios los delitos que se sucedieron: amaño de testimonios judiciales (incluyendo una declaración falsa de un cura), falsedad en documento público, suplantación de personalidad y de cargo concejil, sobornos y, según uno de los últimos declarantes, la sola presencia de Francisco de Mendoza en cualquier actuación «acriminaba mucho más el delito».

Pese a ello, en el año 1794, Francisco de Mendoza ya había conseguido lo que llevaba intentando casi veinte años: ser «escribano público de la villa de Oseja». 

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*Petar: apetecer, dar la gana, ver Xosé Lluis García Arias, Diccionario general de la Lengua Asturianahttp://mas.lne.es/diccionario/palabra/58143